“Non omnis moriar”.
Manuel Gutierrez Najera.
Vendré cada noche a visitarte,
a decirte tiernamente al oído,
no me olvides.
Acertare a presentarme ante tu mirada atónita;
no dirás nada, se fundirá el silencio
en el éxtasis de las caricias.
Solo por besar tu frente, atravesare el umbral,
solo por abrazarte, derribare el lado oscuro del tiempo.
Cruzare la noche, con la delicadeza con la
que las estrellas acurrucan la Luna.
Me dirás ¡Te extraño! y buscaras mi reflejo en las sombras.
El ocaso me dará la bienvenida y llorare
de súbita alegría por verte,
por sentirte…
por amarte…
y así en el transcurso de la noche y hasta el amanecer.
Despertaras al alba buscando al amado
no quedara más de mí que mi aroma,
la belleza del recuerdo, el beso súbito,
las caricias, las lágrimas.
Vivirás tu día de forma similar al anterior,
y al llegar la noche, dormirás donde mismo,
dirás lo mismo, llorarás lo mismo;
y así yo vendré con languidez nocturna.
Te cubriré en un manto estelar,
y rodeada por la inmensidad de mis alas,
te diré ¡te amo!
Y así cada noche de tu vida,
regresare de mi descanso, a presentarme,
te diré mi nombre en la lengua de los hombres,
y sabrás que soy yo, el amado, conocido ya de
un oscuro pasado, cubierto por el manto de los sueños.
Abriré mis alas y vendrás a mí,
cuando tú súbito deseo me alcance;
calmare tu llanto, saciare tu sed, encenderé tu llama,
cubriré tu soledad.
Seré tu ángel, como antes de partir.
Siempre estaré a tu lado, siempre.
Cuando tu corazón me extrañe, cuando la ausencia me
necesite.
Y vendré hacia ti, a visitarte,
Antes de dormir.
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