Confesión…
Está, te adoro,
con tus profundos ojos avellana,
luminosas perlas de un mar eterno
incesantes reflejos de tu alma.
Son en tus ojos todos mis amaneceres.
Con tus suaves y dulces labios,
(hermosa tentación color carmín)
labios de miel y de fuego
de tierra y de agua,
yo te adoro.
Desde aquí te adoro.
Con tu leve presencia y el silencio de tu ausencia,
porque sabes que te veo aun cuando me das la espalda.
Con tus manos, tersas manos, que hablan más que tus labios y
con tu esencia entrañante de misterios.
Lo confieso, yo te adoro.