Reflexion de un poeta

Un patético poeta escribe sus letras en el humo para que nadie las lea... o por lo menos eso creía.

28 may 2011

Confesión.

Confesión…
Está, te adoro,
con tus profundos ojos avellana,
luminosas perlas de un mar eterno
incesantes reflejos de tu alma.
Son en tus ojos todos mis amaneceres.

Con tus suaves y dulces labios,
(hermosa tentación color carmín)
labios de miel y de fuego
de tierra y de agua,
yo te adoro.

Desde aquí te adoro.
Con tu leve presencia y el silencio de tu ausencia,
porque sabes que te veo aun cuando me das la espalda.
Con tus manos, tersas manos, que hablan más que tus labios y
con tu esencia entrañante de misterios.
Lo confieso, yo te adoro.

4 may 2011

En los jardines, bajo las Jacarandas.

Eran las 6 y tu sabias que hora marcaba el reloj;
eran las 6 y a mí se me detenía el tiempo.

Caminábamos siempre bajo el cielo y sobre
los mantos de jacarandas.
Siempre hacia un mismo punto íbamos,
siempre.
  
Tu sonrisa aun infantil y tenue brillaba sobre el jardín
Buscaba pues esa sonrisa hasta en el reflejo del agua.
Siempre bajo las jacarandas alabándote como a una virgen.
Siempre con sus perfumes frescos y dulces,
bajo lluvias de mayo.

El rocío vespertino se aferraba a tu cuerpo.
Tu pelo reflejo del viento siempre enmarañado;
y tus manos, tus tristes y tersas manos,
siempre aferradas a mí lacerada mejilla.

El sol a lo lejos abandonaba su marea abrumadora. Todo parecía más lento.
Eran entonces las caminatas bajo las lluvias,
porque bajo la lluvia siempre llorábamos
aun sin estar tristes.

Eran entonces las jacarandas, las que iluminaban tu cuerpo.
Recuerdo también tus dulces y cálidos besos.
En los jardines bajo las jacarandas....

3 may 2011

Nocturno

“Non omnis moriar”.
Manuel Gutierrez Najera.
Vendré cada noche a visitarte,
a decirte tiernamente al oído,
no me olvides.

Acertare a presentarme ante tu mirada atónita;
no dirás nada, se fundirá el silencio
en el éxtasis de las caricias.

Solo por besar tu frente, atravesare el umbral,
solo por abrazarte, derribare el lado oscuro del tiempo.
Cruzare la noche, con la delicadeza con la
que las estrellas acurrucan la Luna.
Me dirás ¡Te extraño! y buscaras mi reflejo en las sombras.

El ocaso me dará la bienvenida y llorare
de súbita alegría por verte,
por sentirte…
por amarte…
y así en el transcurso de la noche y hasta el amanecer.

Despertaras al alba buscando al amado
no quedara más de mí que mi aroma,
la belleza del recuerdo, el beso súbito,
las caricias, las lágrimas.

Vivirás tu día  de forma similar al anterior,
y al llegar la noche, dormirás donde mismo,
dirás lo mismo, llorarás lo mismo;
y así yo vendré con languidez nocturna.

Te cubriré en un manto estelar,
y rodeada por la inmensidad de mis alas,
te diré ¡te amo!
Y así cada noche de tu vida,
regresare de mi descanso, a presentarme,
te diré mi nombre en la lengua de los hombres,
 y sabrás que soy yo, el amado, conocido ya de
un oscuro pasado, cubierto por el manto de los sueños.

Abriré mis alas y vendrás a mí,
cuando tú súbito deseo me alcance;
calmare tu llanto, saciare tu sed, encenderé tu llama,
cubriré tu soledad.

Seré tu ángel, como antes de partir.
Siempre estaré a tu lado, siempre.
Cuando tu corazón me extrañe, cuando la ausencia me
necesite.
 Y vendré hacia ti, a visitarte,
Antes de dormir.