iluminan el rumbo de los ciegos y los creyentes,
agonía perpetúa, hastió de las rosas.
La tierra que tu pisas reenverdece.
Tus manos vehementes son dadoras de vida.
En el mundo celestial de dónde vienessiempre llueven jacarandas y aun así,
tú vagas triste por las montañas.
Ves el espejo roto de mi alma y suspiras,
alimentas mis noches de tu melancolía,con el influjo divino de la nocturna
y parda melancolía.
Yo no puedo vivir así.
No puedo creer que te sueñe,
cuando el sueño mismo me ha abandonado.
Se viene pues el holocausto,
y por el rumbo de la soledad donde camino
Solo falta volver a escuchar tu nombre…