Reflexion de un poeta

Un patético poeta escribe sus letras en el humo para que nadie las lea... o por lo menos eso creía.

13 abr 2011

Que bien me sabe la amargura de no verte...

Como me llora el alma cuando tú no estás,
cuando no te veo.
Claman mis ojos por ti; y mi ser, por la
poesía de tu cuerpo.

Tu presencia, me resulta aire, sol,
como si fuera yo ciprés, o hiedra,
cuando tu eres agua.

Mi día amanece en la luminosidad de tus ojos,
y la luna, como tu nombre sacro, en tus
pupilas, obscuras y radiantes
hipnotizan al poeta de versos tristes.

Te amo mujer, como a la madre naturaleza,
amo tus bosques húmedos, y tus selvas multitudinarias.
Amo el mar de tus ideas, y la isla estacionaria
de tu vientre, amo tus montes, tus valles, tus ríos,
y ese cabello tuyo que representa el ímpetu del
viento.

Te amo, cuando eres etérea, y cuando en las
tardes frías te pones a llover, como si me
abrazaras con la llovizna,
y amo los ocasos que me regalas, cuando te
alejas, y no hay en mi más compañía
que mi soledad y mi poesía.

Amo tu neblina silenciosa, el frio que me ofreces
cuando estas en invierno y la sonrisa
plena de tus primaveras.
Amo tu distancia presurosa del verano, y la nostalgia
melancólica de tus otoños.

Quiero beberte como una copa de brandy,
fumarte como a un abano, gozarte como a un caramelo,
y al final, borracho, y, ciertamente, embelesado,
llorarte un mar de poesías, para no extrañarte,
para no olvidarte.......

Y, mientras haya amaneceres para mí en tus ojos, y
ocasos, cuando con indulgencias me das la espalda,
regresare aquí, a la fecha impugna, a recibir tu nepente…
y ofrecerte mi canto.

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