Como me llora el alma cuando tú no estás,
cuando no te veo.
Claman mis ojos por ti; y mi ser, por la
poesía de tu cuerpo.
Tu presencia, me resulta aire, sol,
como si fuera yo ciprés, o hiedra,
cuando tu eres agua.
Mi día amanece en la luminosidad de tus ojos,
y la luna, como tu nombre sacro, en tus
pupilas, obscuras y radiantes
hipnotizan al poeta de versos tristes.
Te amo mujer, como a la madre naturaleza,
amo tus bosques húmedos, y tus selvas multitudinarias.
Amo el mar de tus ideas, y la isla estacionaria
de tu vientre, amo tus montes, tus valles, tus ríos,
y ese cabello tuyo que representa el ímpetu del
viento.
Te amo, cuando eres etérea, y cuando en las
tardes frías te pones a llover, como si me
abrazaras con la llovizna,
y amo los ocasos que me regalas, cuando te
alejas, y no hay en mi más compañía
que mi soledad y mi poesía.
Amo tu neblina silenciosa, el frio que me ofreces
cuando estas en invierno y la sonrisa
plena de tus primaveras.
Amo tu distancia presurosa del verano, y la nostalgia
melancólica de tus otoños.
Quiero beberte como una copa de brandy,
fumarte como a un abano, gozarte como a un caramelo,
y al final, borracho, y, ciertamente, embelesado,
llorarte un mar de poesías, para no extrañarte,
para no olvidarte.......
Y, mientras haya amaneceres para mí en tus ojos, y
ocasos, cuando con indulgencias me das la espalda,
regresare aquí, a la fecha impugna, a recibir tu nepente…
y ofrecerte mi canto.
cuando no te veo.
Claman mis ojos por ti; y mi ser, por la
poesía de tu cuerpo.
Tu presencia, me resulta aire, sol,
como si fuera yo ciprés, o hiedra,
cuando tu eres agua.
Mi día amanece en la luminosidad de tus ojos,
y la luna, como tu nombre sacro, en tus
pupilas, obscuras y radiantes
hipnotizan al poeta de versos tristes.
Te amo mujer, como a la madre naturaleza,
amo tus bosques húmedos, y tus selvas multitudinarias.
Amo el mar de tus ideas, y la isla estacionaria
de tu vientre, amo tus montes, tus valles, tus ríos,
y ese cabello tuyo que representa el ímpetu del
viento.
Te amo, cuando eres etérea, y cuando en las
tardes frías te pones a llover, como si me
abrazaras con la llovizna,
y amo los ocasos que me regalas, cuando te
alejas, y no hay en mi más compañía
que mi soledad y mi poesía.
Amo tu neblina silenciosa, el frio que me ofreces
cuando estas en invierno y la sonrisa
plena de tus primaveras.
Amo tu distancia presurosa del verano, y la nostalgia
melancólica de tus otoños.
Quiero beberte como una copa de brandy,
fumarte como a un abano, gozarte como a un caramelo,
y al final, borracho, y, ciertamente, embelesado,
llorarte un mar de poesías, para no extrañarte,
para no olvidarte.......
Y, mientras haya amaneceres para mí en tus ojos, y
ocasos, cuando con indulgencias me das la espalda,
regresare aquí, a la fecha impugna, a recibir tu nepente…
y ofrecerte mi canto.
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